viernes, 21 de julio de 2017

Estamos en Matrix y no lo sabemos

             Mi deseo no es otro que continuar con la idea del gran José Saramago... ah, ¿que no saben a qué me refiero? No importa, les invito a escucharlo aquí.
           Claro, que yo también he dicho cosas parecidas en este mi blog, con otras palabras y de forma diferente, tampoco siendo el único, pero la mayoría no somos escuchados y los que deberían hacerlo no quieren, puesto que el sistema actual es el que les conviene.
            Sí estamos en Matrix, porque vivimos en una sociedad, la occidental, en la que creemos que hay democracia, justicia y libertad. Comencemos por la democracia. Su definición por la RAE es: forma de gobierno en la que el poder político es ejercido por los ciudadanos. ¿De verdad que esta definición se ajusta como un zapato a los sistemas políticos que abundan en las naciones pertenecientes a la civilización occidental?
            Quizá esté equivocado, pero yo creía que la democracia en España se trata de que una vez cada cuatro años, y en cada peldaño de gobernación, vamos a unas urnas a depositar nuestro voto y nuestra confianza a un partido político (los cuales, en su gran mayoría, carecen de democracia interna), para que nos represente durante la siguiente legislatura.
            Punto pelota. No hay más democracia. Al menos en nuestro país. Eso no se corresponde con la definición de la RAE sobre la «democracia». Ah, sí, que hay un método por el cual los ciudadanos pueden reunir firmas para presentar ante el Congreso una propuesta de ley, pero esto es trabajoso y, normalmente, ineficaz, porque al final son los diputados (350 como mucho) los que deciden si los cientos de miles o millones de firmas se tiran a la papelera o no.
            Ya he comentado en entradas anteriores que deberíamos tener más en cuenta al ciudadano y también a los avances tecnológicos. Parece ser que estos últimos sólo son aprovechados por el gobierno de turno para que no se escape ninguna multa de tráfico o de la seguridad social, pero se desestima para poder crear una democracia real. En la actualidad, con una inmensa mayoría de población con acceso continuo a Internet y toda, prácticamente, que podría tenerlo de forma puntual, no sé a qué esperan para gobernar a base de plebiscitos semanales por esa vía.
            No se hace no porque sea complicado, sino porque es evidente que a nuestros políticos no les interesa. Yo comento, y no en tono de guasa, que lo que tenemos es una dictadura (o mejor una oligarquía) que dura cuatro años. Votamos a nuestro dictador y su séquito por cuatro años. Y no es ninguna perogrullada. Votamos a alguien que creemos que nos va a representar fielmente y va a luchar por nuestros intereses, contando para ello con algo que se denomina programa electoral. O sea, les votamos por lo que nos prometen que van a hacer durante los próximos cuatro años, pero está demostrado que en esos años van a hacer lo que les da la gana y no tenemos medio alguno (exceptuando guillotinas, que, al parecer, están muy mal vistas) para deponer a los sinvergüenzas y aprovechados que nos mienten y nos malgobiernan durante esos fatídicos cuatro años.
            Así, no nos queda otra que esperar a que terminen para volver a empezar, escuchar mentiras electorales, depositar de nuevo la confianza en ese partido político (que nos promete enmendarse) o en otro (que nos promete derogar los patazos del anterior), y otra vez ser engañados. Así llevamos cuarenta años en España.
            Hay muchos que dicen que es el mejor sistema que existe y no tenemos más remedio que amoldarnos a él y, si acaso, cambiar las cosas desde dentro. Primero, que no es el mejor sistema que existe, porque ya he explicado yo uno mejor, el de los plebiscitos para todo vía Internet; y segundo, que las cosas no se pueden cambiar desde dentro, porque cuando entras en ese sistema, es decir, te haces político, el lado oscuro es demasiado poderoso para rechazarlo y entre dietas, tres por cientos, chóferes, putas y coca, es muy difícil que la honradez triunfe.
            Además, como dice Saramago, los gobiernos occidentales actuales tiene muy escaso poder, puesto que son los grandes organismos y corporaciones mundiales los que gobiernan a los que nos gobiernan. Que si el FMI, que si la OCDE, que si la Troika... Hay tantos que están por encima de nuestro Presidente del Gobierno que no podemos estar seguros de su independencia y capacidad de decisión, y todos aquellos que están por encima de él son personas que no han sido elegidas democráticamente. Por tanto, ¿quién nos gobierna? ¿Alguien lo sabe?
            Con respecto a la justicia, siempre hemos sabido y siempre sabremos que la justicia no es igual para todos, es lenta e ineficaz y, para colmo, en nuestro país no es independiente, al no existir la consabida separación de poderes.
            La única forma en que la justicia fuera independiente sería que sus más altos representantes fueran elegidos por el pueblo, vía Internet también, con mandatos finitos y con cuentas que rendir al pueblo.
            ¿Y la libertad? Me río de la libertad en un Estado donde no hay democracia real y la justicia está obsoleta. Y a los hechos me remito: ¿qué pasa cada vez que un loco estrella un avión contra un edificio o un camión contra una multitud? Más recortes de libertad y todos aplaudimos en aras de nuestra seguridad. Lo dicho, puro Matrix.
             Pero, como ocurre con esa ficción realista, o con esa realidad ficcional, el que se la crea que continúe viviendo su felicidad, impostada, sí, pero felicidad al fin y al cabo.

            El Condotiero

lunes, 17 de julio de 2017

Opinar o no opinar, ésa es la cuestión

             Estoy asistiendo, a través de las redes sociales, a un fenómeno curioso en nuestro país que, precisamente, no es nuevo aunque sí lo sea el medio utilizado, y se trata del recrudecimiento de los combates verbales entre la izquierda y la derecha. Se está dando como normal que cuando uno u otro se queda sin argumentos para defender su posición, arremete contra el de más allá con el insulto más barriobajero posible. Vamos, lo que toda la vida de Dios ha sido el «tengo razón porque grito más», tan típico de los españoles.
             Supongo que no será cuestión sólo de debates políticos, sino que afecta a todo lo que en esta sociedad pueda ser opinable que, según las nuevas generaciones, es TODO.
             Y aquí es donde me opongo a los que defienden esta opción, primero porque todo no es opinable (si una mesa es una mesa, no es un frigorífico: no es opinable; lo opinable es si es bonita o no, por ejemplo), y segundo porque no todo el mundo debería opinar dependiendo de qué asuntos.
             La opinión se ha vuelto tan democrática que muchos piensan que tienen el derecho a opinar de cualquier cosa. Antes de que se adelanten, no, yo también pienso que yo no tengo derecho a opinar de cualquier cosa. ¿Por qué? Porque estoy plenamente convencido de que para poder opinar sobre algo hay que tener cierta idea de ese algo o, al menos, documentarse mínimamente para que la opinión sea ponderada y coherente; si no es así, se convierte en «pamplina soltada sin ton ni son», que es lo que en la actualidad vemos a todas horas en todos los medios, incluso en las terrazas de los bares.
             De tal forma, yo no puedo opinar sobre la pesca de la trucha en el río Eo, porque ni siquiera sé si es legal o si las hay, además de no tener ni idea de pesca. Como mucho, podré prestar atención a alguien que sepa sobre ello y hacerle preguntas más o menos inteligentes, dependiendo sobre todo de si el tema me interesa, que no es el caso. Así, cuando elijo un tema sobre el que opinar en mi blog, primero me lo pienso mucho y después me documento un poquito. Se puede estar en desacuerdo con mis ideas, pero nadie puede tildarme de decir patochadas, porque seguramente me habré documentado mejor que el que pueda insultarme sin más.
             Y esto se relaciona con todas las veces que aquí he arremetido contra los supuestos «expertos» que aparecen en las tertulias televisivas y radiofónicas, que muchos sí hacen bien su trabajo y se nota cuando hablan, pero otros irán de fiesta en fiesta y no se preparan nada, y también se nota cuando hablan.
             Pero sobre lo que quería opinar hoy, y por ello el título, que me ha servido de doble sentido al imaginarme diciendo esa frase con una calavera en la mano, es sobre la pena de muerte. No es que esté de actualidad, sobre todo en nuestro país, que casi te dan una palmadita en la espalda después de haber matado a cuatro o cinco, con un consejo tipo «ea, para casita y no lo vuelvas a hacer, eh». En algo debemos sobresalir los españoles por el lado bueno, aunque no seamos los únicos, puesto que dos tercios de todos los países del mundo han abolido la pena capital.
             Pero, para adelantarme a los acontecimientos de una España en la que la brecha entre izquierda y derecha es cada vez más insalvable, daré mi opinión sobre ella: la pena de muerte JAMÁS debe ser admitida. Como una vez escuché, no sólo le quitas a alguien todo lo que tiene, más allá de la libertad, sino que también le quitas todo lo que podría llegar a tener. Si una pena como la condena a muerte es injusta del todo, ningún Estado de derecho que se precie debería observarla en su código penal.
             He visto muchísimos documentales de asesinatos en EE.UU., supuestamente un país democrático y un Estado de derecho, donde la gente cree que es una pena justa para el asesino de un familiar suyo, pero es evidente que se trata más de venganza que de justicia. Nadie, por muy malvado que haya llegado a ser, se merece ser ejecutado, aunque sea por una sola razón: nadie jamás podrá probar al 100% que el imputado (ahora investigado) sea el culpable del caso que le ocupa. Excepto el mismo culpable, que nunca lo dirá y si lo dice puede ser por alguna otra cuestión, nadie sabe a ciencia cierta quién lo es, por lo que nuestro sistema de justicia se basa en pruebas e indicios y en multitud de ocasiones el fallo de juez ha sido fallido. De tal forma, a un inocente encarcelado injustamente lo puedes liberar, aunque hayan pasado treinta años, pero a un ejecutado no le puedes devolver la vida.
              Esto último que he comentado NO es opinable, es un axioma irrefutable, por lo que me creo tan en la razón que es inútil discutirlo. SÉ que llevo la razón, porque me he documentado. En 1989 Teng Xingshan, al que apodaron el carnicero, fue sentenciado a muerte por la violación, desmembramiento y asesinato de una mujer de su pueblo en China. Se lo endilgaron a él porque tenía conocimientos quirúrgicos y porque había confesado (lo de la tortura china es algo más que un dicho). Ese mismo año fue ejecutado y no pudo ver cómo, tiempo después, la mujer aparecía viva y no sabía nada acerca del pobre Teng. Se habían equivocado de cadáver y de culpable.
            Hay muchos más casos como éste, pero con sólo uno me vale para enrocarme en mi postura y saber que tengo razón y que la pena de muerte NO es opinable, por mucho que a las nuevas generaciones les guste opinar de todo y de todos, sin saber de lo que hablan y leyendo sólo los envases de champú cuando van a gobernar a su trono particular.

             El Condotiero

martes, 11 de julio de 2017

Veinte años no han sido suficientes

             Desde luego que no para algunos de los individuos que tenemos como figuras políticas de nuestro país. Y es una lástima, porque luego querremos que desaparezca el bipartidismo y el «¿tú eres del PP o del PSOE?» de esta España que en ocasiones nos sorprende, a más de la veces de forma peyorativa.
             El caso es que en estos días se está recordando a Miguel Ángel Blanco, el concejal asesinado en el País Vasco, por haberse cumplido veinte años de aquello. No es que Miguel Ángel Blanco sea más importante que otras víctimas de la banda terrorista, pero fue el principio del fin de ETA.
             Hasta entonces la ETA había asesinado a casi mil personas, pero las noticias habían llegado a todos como hechos consumados ante los que nada se podía hacer, salvo su prosecución judicial. La diferencia con Miguel Ángel era que existía una cuenta atrás para la hora de su ejecución. El error estratégico de la banda terrorista fue de libro, ya que en el momento que lanzó ese órdago, perdió la partida. Teniendo en cuenta que el Estado español no podía claudicar ante sus pretensiones, a ETA sólo le quedaban dos caminos: incumplir su amenaza, con lo que habría perdido toda su credibilidad conseguida con sangre ajena, o cumplirla, que es lo que hizo, pero que tuvo unas consecuencias aún más nefastas para ellos.
             Todos sabemos el giro que tomó la lucha contra ETA a partir de la muerte de Miguel Ángel Blanco, y también sabemos su motivo: unión política de los partidos demócratas y, sobre todo, fin de la costumbre del vasco medio de «mirar hacia otro lado». Y digo sobre todo porque lo considero el factor fundamental, ya que los que siempre han apoyado a la banda terrorista lo siguen haciendo hoy con Bildu, heredero de Herri Batasuna, pero son minoría en el País Vasco. La mayoría siempre han sido personas que miraban a otro lado porque no querían significarse al tener miedo de los asesinos, pero ese miedo se acabó cuando vieron que era un vasco la víctima (de nacimiento, no por sus ocho apellidos), que para más inri era joven y guapo.
             No es una cuestión baladí ésta, ya que cuando vemos a un joven guapo, con una novia guapa y con aficiones como la música, nos cae mejor sin conocerle personalmente que una persona de mediana edad o cerca de la jubilación. Eso lo saben perfectamente los publicistas, y ése fue el gran error de la ETA. Aparte de colocar un reloj de muerte y cumplir su amenaza, ya que no colocaba a la gente ante un hecho consumado, sino que aún se podía reaccionar y ellos no lo hicieron.
             A quienes tenían que haberles dado varios tiros en la nuca era a la cúpula de su propia banda, por inútiles, ya que fueron los que la emplazaron en la situación de caída vertiginosa hacia la derrota.
             Y hoy, con la banda terrorista casi disuelta y sin apenas apoyo político y del pueblo vasco, homenajeamos al malogrado Miguel Ángel Blanco que, con su sacrificio involuntario, originó la marea que se convirtió en el «Espíritu de Ermua». Casi todos los estamentos políticos y comunicativos del país han tomado parte en dicho homenaje, pero hay unos cuantos, pocos, pero los hay, entre los que se cuenta el alcalde de mi ciudad, el Kichi, que no se suman a dicho homenaje. Desde aquí le digo al Kichi que no me representa, ni a mí ni a la mayoría de los gaditanos, y que con acciones como ésta está sellando su final como jefe del consistorio.
             Y a esto me refería cuando decía al principio que no es buen camino para acabar con el bipartidismo. Los españoles descontentos con la política llevada por los grandes partidos españoles buscamos un partido en el que poder depositar nuestra confianza para un futuro mejor, pero ese futuro no puede pasar por no homenajear a una víctima inocente o por no apoyar el excarcelamiento de un preso político venezolano.
             Las cabezas pensantes de Podemos (cabeza seguro, lo de pensante no lo estaría tanto) desvarían con ciertas cuestiones que son de bien para todos, independientemente de que el PP y el PSOE también estén de acuerdo con la cuestión. No todos los que estamos en contra de las políticas neoliberales de los grandes partidos nacionales estamos a favor de la violencia y de las dictaduras de izquierda. Esto es algo que los podemitas no parecen tener claro y ya es hora de que alguien se lo diga. Los españoles no sólo estamos hartos de las políticas neoliberales, sino también de la forma de pensar habitual en España: si eres de izquierda, todo lo que venga de allí es bueno y lo de derechas es malo, y viceversa.
             No, señores, no. Que no haya democracia real en España no significa que lo de Venezuela sea bueno, porque creo que es peor. Y si el concejal asesinado en Ermua era del PP, no significa que los de izquierdas deban estar contentos con ello.
             Uno de los problemas que tenemos es que casi todos los altos cargos de Podemos son licenciados o doctores, y así algunos creen que están preparados, pero si supieran qué hace falta en España para ser licenciado o doctor, no lo creerían tanto, porque todos pueden serlo con un poco de tesón y un mucho de dolor de rodillas, pero no es requisito indispensable tener al menos cien de cociente intelectual.
             Si alguien cree que estoy enfadado, bingo, lo estoy, porque estoy hasta la coronilla de los grandes partidos nacionales corruptos e interesados sólo en su propio bienestar y en el de los empresarios que los apoyan, y quiero un partido que sólo piense en sus votantes y en los que no lo son, con políticas conciliadoras y justas, pero lamentablemente Podemos no será ese partido, porque cada vez que hace una de las suyas, pierde miles de votos por el camino, y, cuando lleguen las próximas elecciones, su sueño se habrá agotado, para desgracia de todos.
             Ya estoy viendo una carrera para ver quién se saca antes el carnet del PP o del PSOE, que serán los que siempre estén ahí, dándonos por saco.

             El Condotiero

miércoles, 5 de julio de 2017

¿Hacia dónde va el feminismo?

             Lo que no sé en realidad es hacia dónde voy yo, porque me voy a meter en un fregao de mucho cuidado, pero cuando inicié el blog me prometí a mí mismo que jamás sería políticamente correcto, porque lo considero una hipocresía, y que criticaría todo aquello que crea criticable, porque lo considero de justicia.
             Y hoy le ha tocado el turno al feminismo recalcitrante que vivimos en estos tiempos.
             Atención: no quiero decir con ello que esté en contra de las feministas y de sus tesis, sino que a veces no tienen la razón pero poca gente se lo hace ver, ya que son tan combativas que da miedo enfrentarse a ellas. Además, en el país que por fortuna o desventura habitamos, somos muy dados a poner calificativos infundados a todo aquel que esté en desacuerdo con nosotros: si soy comunista y en algo, aunque sea nimio, no me apoyas, te llamaré «fascista»; si soy feminista, en ese caso te llamaré «machista». Con el valor añadido de que nuestro séquito de pelotas te pondrá a caer de un burro sin ni siquiera darte la oportunidad de explicar tu opinión.
             El caso es que se han sucedido en pocos días dos hechos por los cuales las feministas han explotado, como suele ocurrir, y es el motivo de que escriba esta entrada.
            Lo primero ha sido la guerra abierta que han declarado las feministas a la maternidad subrogada, o más comúnmente llamada vientre de alquiler. Como ustedes comprenderán, es algo que a mí ni fu ni fa, pero me ha llamado la atención por la incoherencia demostrada por las feministas a ultranza o, al menos, por una parte de ellas.
             Yo siempre he dicho que respeto todas las opiniones, aunque estén equivocadas, porque todo el mundo tiene derecho a estarlo, y no es malo que lo estén porque así habrá buenos samaritanos que saquen de su error al equivocado. Para que lo sepan, yo también tengo derecho a estar equivocado. Pero lo que jamás respetaré es la incoherencia: no, no, y no respeto a aquél que un día me dice blanco y al otro negro.
             No tengo una opinión clara respecto al aborto, porque por un lado podría ser un asesinato, ya que creo que un feto es una vida humana... ¿desde qué semana de gestación? Pues no lo sé, la verdad, pero ni yo ni nadie. El caso es que la destrucción de una vida humana no nacida choca con las necesidades de una mujer que no puede ser madre por distintas circunstancias. Como es tan difícil para mí ponerme en la situación del feto o de la madre, entonces, como ya he dicho, no tengo una opinión clara. Pero las feministas parece que sí: ellas creen, defienden, combaten, que la mujer es la única dueña de su cuerpo y, por tanto, ellas deciden libre e individualmente.
             Hasta ahí, nada que objetar. Tampoco puedo decidir si están equivocadas o no, a lo que tendrían derecho. Lo que no puedo respetar es que ahora digan que la mujer no debe someterse a lo del vientre de alquiler y que ellas están en contra.
             Vamos a ver, señoras incoherentes, ¿no decían aquello acerca de que la mujer es la única dueña de su cuerpo y que ella es la única que decide? Entonces, ¿por qué deciden ustedes ahora por todas las mujeres acerca de este tema?
              Siguiendo su tesis sobre el aborto, cada mujer debiera libre e individualmente decidir acerca de si quieren o no ser vientres de alquiler. ¿Por qué se niegan a ello? Según dicen, es una forma de esclavizar a la mujer, donde las ricas explotarán a las pobres.
             No digo que no, pero hay tanta explotación en el mundo... Y no tienen en cuenta que puede haber parejas que lo necesiten de verdad, a la vez que es posible que haya mujeres que deseen ayudar, aparte de ganarse un dinerillo con eso. Quizá lo que no quieran es que hagan negocio con su cuerpo, pero entonces tampoco entiendo que no quieran que una chica joven gane 20 000 euros por ello y se pague la carrera, pero estén tan a favor del aborto que una mujer podría haber evitado con la compra de un preservativo por menos de un euro.
             El otro caso que ha saltado a la palestra es la que se ha armado en las redes sociales porque un colectivo de mujeres se ha visto obligada a clausurar un encuentro de mujeres usuarias de juegos de ordenador. Parece ser que como se sienten observadas, molestadas y acosadas en los encuentros de este tipo por parte de freakys irredentos que no han visto a una chica en su vida, pues decidieron organizar un encuentro sólo para mujeres (lo entiendo, a mí también me asustaría que una panda de adolescentes con gafas, flequillo y acné, más blancos que la leche, no me quitara los ojos de encima).
             Como tiene que haber de todo, desde un foro se empezó a despotricar sobre el tema, porque ya sabemos que algo más de un 2% de nuestros genes proceden de los neandertales. La cuestión es que las organizaciones que habían dado un sí desde el principio se echaron para atrás con la excusa de que no podían garantizar la seguridad del evento. Compuestas y sin novio se quedaron (no se enfaden, que es una forma de hablar).
             Yo, como no podía ser de otra manera, estoy en contra de que esto haya ocurrido. Si quieren organizar un finde sin chicos para jugar al ordenador, por mí adelante. Las apoyo a muerte. Ahora, también he de decir que las feministas son las primeras en despotricar cuando un grupo de hombres quiere hacer algo en lo que no desean que tengan cabida las mujeres. Por ello, volvemos al tema de la coherencia.
            Me parece muy bien que ellas quieran organizar algo sólo para mujeres, pero, por la misma regla, deberían dejar que también haya actos organizados sólo para hombres.
            No debemos olvidar que la mujer se ha introducido en profundidad en todo aquello que hasta hace pocos años era coto cerrado de hombres... si es que hasta en los estadios de fútbol se ven ya más parejitas que grupos de amigos...
            En fin, que el problema no estriba tanto en el machismo y feminismo imperantes, sino en la educación recibida y en las intransigencias que nos gobiernan (y esta vez, sin que sirva de precedente, no hablo de nuestros políticos).
            Y uno de los problemas que veo es que las asociaciones feministas han nacido ya con una tara. Llaman «feminismo» a la igualdad de oportunidades para hombres y mujeres, cuando en realidad muchas de ellas lo que en el fondo quieren es su supremacía y la palabra de por sí es la que está bien usada para ello. La palabra «feminismo» no puede indicar igualdad, porque etimológicamente no significa eso, por mucho que así lo refleje la propia Academia de la Lengua, porque también nuestros académicos tienen derecho a estar equivocados, y en este caso es más que evidente que lo están. Yo lo llamaría «secuestro semántico», como ocurría con lo de «conflicto armado» cuando los etarras hablaban de terrorismo, o más actualmente, con lo de ISIS y no DAESH, cuando el autoproclamado Estado Islámico no puede ser un estado porque nadie lo ha reconocido. Pero siempre habrá tontos que les baile el juego a los secuestradores semánticos, dándoles su primera victoria.
             De tal forma, «feminismo» es el antónimo de «machismo», y como tal significa exactamente lo contrario. Por tanto las feministas deberían defender no el «feminismo», sino el «ecualitarismo», que sería más lógico, aunque en el fondo sean feministas (si he escrito «ecualitarismo» es porque es una palabra que no existe y porque «igualitarismo» ya está cogida en la RAE).
            Llamemos, por tanto, cada cosa con su nombre y comencemos a defender nuestras tesis desde la coherencia y el diálogo. Creo que las cosas nos irán un poquito mejor a todos.

             El Condotiero

miércoles, 14 de junio de 2017

¿A lómce vamos?

             Cádiz, por desgracia, vuelve a destacar de manera peyorativa. Y no lo digo porque crea que las personas no deban ejercer su derecho a la protesta cuando algo es injusto, sino porque lo hacen más como una pataleta y un echar balones fuera que como una legítima acción contra las tiránicas autoridades.
             Antes, debería ponerles en antecedentes. Resulta que un chico gaditano, del cual omitiré su nombre, ha iniciado con tremendo éxito una campaña de protesta en la más conocida plataforma virtual de recogida de firmas, en contra de lo que él y los demás alumnos que han participado en esta nueva prueba para el ingreso en la Universidad creen que ha sido una injusticia y una tomadura de pelo. Puede que tengan razón en ambas cosas, ya que no estudiaron un tema en concreto que sus profesores les recomendaron no estudiar, puesto que no caería, pero con la sorpresa de que sí que cayó. Decir que este alumno gaditano creo que no culpa a los profesores por ello, sino a la Junta y al Ministerio de Educación por lo que él piensa que ha sido un despropósito de desinformación. Viendo el resultado, puede que hasta con algo de mala leche, oiga.
             El caso es que, sea como fuera, los alumnos españoles cada vez van más hacia atrás, como los cangrejos, hasta que la marea termine por engullirlos y volvamos a las cavernas.
             ¿Quién es el culpable? Bueno, hay tantos que necesitaría unos cuantos gigas de espacio para poder explicarlo con una total coherencia y que todos los agentes actuantes se vieran reflejados con total nitidez. Ni dispongo de esos gigas, ni de tiempo para escribirlo ni ustedes disponen de tiempo para leerlo, por lo que intentaré ser lo más breve posible.
             Ya he disertado más de una vez sobre la dejadez total de los padres actuales, quitándose el problema de encima (si quieren saber el nombre del problema es Manuel, Juan, Virginia, María, etc.). Ellos ya hicieron bastante teniendo a sus niños, por lo que lo lógico es que sean los profesores los que les enseñen. Si luego no lo hacen, por falta de medios o de vocación, el niño o niña se convierte en un australopithecus y habrá que llamar al Hermano Mayor ese.
             El sistema de oposiciones que todas las Comunidades Autónomas administran, por mor del Estado, para contratar nuevos maestros y profesores olvidan evaluar la mayor y mejor capacidad que debe tener una persona que quiera enseñar a niños y adolescentes, y ésta es la vocación. Sin la vocación, los maestros y profesores pasan de sus alumnos, porque lo único que les interesa es cobrar a final de mes. Sé que es complicado evaluar la vocación, pero por eso mismo un país como Finlandia, con un gran historial de buenos resultados educacionales, no posee ningún tipo de oposición. El director de cada colegio contrata a los profesores por sólo un año y, si éstos son buenos, les va prorrogando el contrato. Ni tienen el puesto para toda la vida ni se corre el riesgo de que un profesor apruebe su oposición sin vocación alguna y, a las primeras de cambio, se dé de baja por depresión.
             Eso sin contar la falta absoluta de cultura que observo en algunos maestros y profesores españoles. Solamente hay que ver alguno de los concursos culturales televisivos, inundados de profesores, que algunas veces parecen más humorísticos que otra cosa, por la de pamplinas que se les escucha decir. Qué menos, creo yo, que los maestros y profesores españoles se lean un libro de vez en cuando, y no sólo el Marca o el Hola. Atentos, que no digo que todos los maestros y profesores españoles sean unos incultos, pero muchos sí. Con que hubiera sólo uno, habría que echarlo de su puesto de trabajo. O reciclarlo.
            Y los alumnos. Bueno, creo que son los que menos culpa de todo tienen. Los alumnos siempre han sido alumnos, en todas las épocas y en todas las culturas, por lo que su ley es la del mínimo esfuerzo y la de pasárselo bien. Ya los egipcios decían que el oído estaba en la espalda, que quería decir que había que darles con una vara para que aprendieran. No hay que llegar a tanto, por supuesto, pero el problema es que hoy en día los alumnos tienen casi más poder que los profesores. Éstos últimos están acogotados por perder su puesto de trabajo por enfrentarse a un alumno cabrón y los alumnos están respaldados por los padres y por la administración. Yo recuerdo que no podía decirle a mi padre que un maestro me había castigado, porque si lo hacía en lugar de un castigo obtenía dos. Ahora, el padre del niño va con sus primos a cantarle las cuarenta al profesor de turno.
             Y, cómo no, he dejado para el final al Gobierno y a las Comunidades Autónomas, que son las que tienen la competencia de educación gracias a una porquería de Constitución que aún algunos defienden con uñas y dientes. El mayor hándicap con el que se encuentra la educación en España no es otro que los 450 000 políticos que existen en nuestro país. Con tal cantidad, doblando al segundo país europeo con más número de éstos, hay que colocarlos en algún sitio. Además, los políticos españoles carecen de cualquier preparación, puesto que no hay que superar examen, selectividad, reválida u oposición alguna que valide el puesto al que optan, más allá del famoso dedo del que hay que hacerse amigo.
             Así, tenemos a los políticos en todos los puestos de responsabilidad imaginables, sin saber qué tienen entre manos, y rodeándose de asesores megacaros que tampoco lo saben, ya que lo normal es que éstos sean amiguitos o familiares a los que dar un sueldo de 3000€ por la face. Hasta el loco y drogado de Hitler buscó a un arquitecto, Speer, para la construcción de su gran capital, Welthauptstadt Germania, y a un ingeniero, Todt, para la construcción de su Fortaleza Europa, de la cual hoy sobreviven gran cantidad de búnkeres y defensas para submarinos. Pero en España, no. En España no ponemos a pedagogos (me niego al chiste fácil) al frente del Ministerio de Educación ni al frente de las consejerías de educación de las distintas CC.AA. Más aún, cuando hacen un cambio en las leyes de educación, lo que viene siendo cada legislatura, no preguntan a los que entienden del tema, es decir, a pedagogos, profesores, maestros, psicólogos infantiles, etc. Hay tantos profesionales de los que se podrían asesorar gratuitamente, que, quizá por ello, pasan de todos, a su bola, mercachifleando los cursos y las asignaturas con la única premisa del buenismo y la igualdad mal entendida.
             Estos demagogos, que no pedagogos (lo siento, al final no he podido aguantarme), que están al frente de los diferentes cargos políticos relacionados con la educación, no se dan cuenta de que cuando la cagan, porque no hay otra palabra que lo defina mejor, con una ley de educación, condenan a varios miles de chavales a un mundo de incultura que les pesará en el resto de su futuro, ya que, por desgracia, pocos padres se tomarán la molestia de encargarse personalmente de las carencias de sus churumbeles.
             Y sé de lo que hablo. Hasta profesores universitarios me comentaron en su día con respecto a la LOGSE que no tenían más remedio que aprobar a sus alumnos, puesto que venían con tantas carencias que era prácticamente imposible exigirles un mínimo nivel, aunque fuera sólo en lectura y faltas de ortografía. Decían que más valía quitarse de problemas y aprobarlos para que luego fuera el mundo real el que se hiciera cargo de ellos. Si eso opinaban de la LOGSE, no quiero ni pensar qué opinarán de la LOMCE.
             Ahora habrá muchos que digan que exagero, que en todas las generaciones se habla de lo mismo respecto de las nuevas y otros que ellos no han salido así aunque hayan sufrido dichas leyes. A ellos les digo que siempre sale gente buena y preparada, como excepciones que confirman la regla, pero lo habrán logrado más por una cuestión de superación personal y ánimo de conocimiento que por las exigencias de sus estudios. Porque no debemos equivocarnos: saberse al dedillo la lista de los reyes godos o todos los afluentes de la Península Ibérica no hace que un alumno esté más preparado que otro; lo que lo hace es enseñarle la metodología adecuada para que sea él mismo el que tenga ganas de aprender. Dotarle de un abono para las neuronas que no es otro que la lectura y la escritura, aderezado con algo de matemáticas: parte humanística y parte científica. Lo demás, vendrá por sí solo, porque Internet es una gran herramienta que sirve no sólo para jugar y chatear, sino también para buscar información y libros que leer.
             Pero el problema subyacente sigue siendo el mismo: la culpa es de los políticos. La cuestión es dilucidar si es que son demasiado tontos para darse cuenta de ello o, por el contrario, son demasiado listos y lo que están buscando (y consiguiendo) es una sociedad de palurdos sin capacidad de crítica.

             El Condotiero

domingo, 4 de junio de 2017

Tropas espaciales

                                    (Advertencia: entrada no apta para mentes sensibles)

             Recomiendo encarecidamente la lectura de la novela de ciencia ficción Starship Troopers, del autor norteamericano Robert A.Heinlein (por favor, no confundir con la película del mismo nombre del director Paul Verhoeven, que aunque fuera divertida, sólo se trató de una pésima adaptación de la novela). Si lo hago no es porque su trama me parezca estupenda, sino por su explicación del sistema político existente en una hipotética sociedad futura del planeta Tierra. No voy a destripar la novela, muy cortita y que se lee en dos tardes, pero lo importante para esta entrada es la vigencia de un Estado Mundial, que salió de las guerras que se iniciaron al final del S.XX entre rusos, europeos y americanos por una parte, contra chinos y árabes por la otra. No debemos olvidar que la novela fue publicada en 1959, en plena Guerra Fría, y ya allí anticipaba una lucha de civilizaciones en la que Rusia se posicionaría junto a los países occidentales.
             Yendo al meollo de la cuestión: la sociedad mundial nacida tras esa guerra se basa en un sistema democrático en el cual sólo tienen derecho al voto todos aquellos que hayan realizado el servicio militar. Éste dura tres largos años, tanto para hombres como para mujeres, y en el cual aprenden a convivir, a sacrificarse por los demás, a trabajar en equipo, a pensar en el bien común y no sólo en ellos, etc, etc. Al terminar el servicio militar, los hombres y mujeres pueden reincorporarse a la sociedad, crecidos como personas, y ganan el derecho al voto y a poder tener hijos. Es decir, una pareja que no haya realizado el servicio militar tiene prohibido concebir hijos, ni siquiera por métodos naturales. Se supone que una pareja así, al no haber realizado el servicio militar y, por tanto, no haber aprendido los valores necesarios para pertenecer a la sociedad como miembro de pleno derecho, no posee tampoco las capacidades educacionales mínimas para criar a niños con plena garantía de éxito. En un planeta ya superpoblado, también es una forma de control de la natalidad.
             Recordemos que es una visión de un escritor de una sociedad futura y que es del año 1959. No quiero decir que en nuestro planeta Tierra tengamos que llegar a esto, pero es sintomático que las parejas más preparadas intelectualmente y con más recursos económicos no estén teniendo hijos, o a lo sumo sólo uno, mientras que parejas casi analfabetas y con escasos medios económicos tengan cinco o seis churumbeles, a los cuales no les pueden enseñar nada, puesto que los padres nada saben.
             Y con respecto a lo del voto, es el momento de entrar en profundidad. Lo de «un hombre, un voto» es una mentira universal que tomamos como medida de la democracia. Para empezar, para que vean si es errónea esta afirmación, se promulgó cuando la idea era del todo literal, es decir, cuando las mujeres no podían votar. ¡A ver quién es el guapo que dice ahora que las mujeres no puedan votar! Por lo tanto, desechemos esa idea de una vez por todas.
             ¿Por qué el voto de un asesino múltiple debe valer lo mismo que el de un hombre o mujer de bien, que paga de forma regular sus impuestos, educa a sus hijos admirablemente y practica la empatía en todos y cada uno de los momentos de su vida? No es lógico ni ecuánime. Debemos desterrar de nuestro cerebro el concepto de que todos somos iguales, porque no es cierto. Ni siquiera a la hora de nacer, pero lo que más nos diferencia a los unos de los otros son las acciones que libre y deliberadamente hemos tomado a lo largo de nuestra vida, y las que nos queden por tomar.
             Como nuestro sistema actual no funciona... (no, no funciona, creo que es algo que vemos todos los días: justicia injusta; paro desorbitado; muerte anunciada de las pensiones; corrupción generalizada y galopante; políticos demagogos; aumento desmesurado de la distancia entre ricos y pobres; etc.) Bueno, como iba diciendo, ya que nuestro sistema actual no funciona, hay que buscar nuevos métodos con los que poder autogobernarnos, es decir, que nosotros con nuestras decisiones seamos quienes aupemos en el poder a los que nos gobiernen, pero claro, no con un papelito inútil que no refleja para nada nuestras diferentes aportaciones a la sociedad de la que formamos parte.
             Sin llegar a los extremos de la sociedad que Heinlein retrata en su novela, llevo mucho tiempo pensando que sí que posee ciertas características encomiables, por lo menos en lo referente a la valía del voto. No a la valía del voto per se, sino a la valía de los individuos que ejercen su derecho a voto.
             Así, teniendo en cuenta que en realidad nuestros votos no valen lo mismo (si alguien tiene alguna duda, que lea mi entrada Una ley electoral incoherente), deberíamos buscar sistemas electorales más justos y más eficientes, olvidándonos ya del manido una persona=1 voto, que ya sabemos que es inútil y torpe.
             Yo, humildemente, he confeccionado una tabla en la que cada persona mayor de 16 años debería sumar sus líneas para conocer (y el Gobierno también) el número de votos que a su nombre están dispuestos. De tal forma, si alguien tiene, por ejemplo, 8 votos, puede usarlos para votar a un mismo partido o dividirlos como quisiera, aunque sería poco útil y probable. Abajo aparece la tabla en la que se contabilizan los votos que cada poseedor de N.I.F. suma:


Por poseer N.I.F. 1 voto
Por carecer de antecedentes penales 1 voto
Por poseer estudios de secundaria (bachillerato o F.P.) 1 voto
Por cada licenciatura que se posea 1 voto
Por cada doctorado que se posea 1 voto
Por poseer un puesto de trabajo y pagar impuestos 1 voto
Por tener trabajadores a su cargo (Seguridad Social) 1 voto
Por tener más de 10 trabajadores a tu cargo (Seguridad Social) 1 voto
Por tener más de 100 trabajadores a tu cargo (Seguridad Social) 1 voto
Por tener más de 1.000 trabajadores a tu cargo (Seguridad Social) 1 voto
Por haber realizado 100 o más horas de voluntariado social en el último año 1 voto
Por haber donado sangre en 12 o más ocasiones en el último año 1 voto
Por tener el carné de donante universal de órganos 1 voto
Por tener publicadas obras de divulgación científica, histórica o filosófica 1 voto
Por haber realizado el antiguo servicio militar o haber sido militar profesional 1 voto
Por haber participado como militar en misiones en el extranjero 1 voto
Por haber participado como voluntario de una ONG en misiones en el extranjero 1 voto
Por tener una o más personas a tu cargo (dependencia) en el último año 1 voto
Por haber salvado al menos una vida en el último año (demostrable) 1 voto
Por cada hijo escolarizado que el curso anterior aprobase todas las asignaturas 1 voto
Por estar cumpliendo condena -3 votos
Por estar apartado de las funciones públicas -2 votos

             Evidentemente, esto es sólo un ejemplo de cómo se podría hacer. Podría haber más o menos filas en esta tabla, o los varemos ser diferentes; para eso habría que estudiarla en profundidad y llegar a un consenso... espérense, por favor, que me está dando la risa... ya... ah, no... ya, ahora sí... Pues eso, pero con cabeza, que para algo la tenemos y no sólo para peinarnos.
             Con ello quiero decir que no acepto tonterías del tipo «se nota que tiras para los empresarios, porque has puesto muchos votos para ellos». Bien, sí es verdad que les he puesto alguna línea de voto, pero es que son ellos los que enriquecen al país, aunque eso no quiere decir que sean los que corten el bacalao. Para poner un ejemplo: imaginemos un empresario que sea doctor en economía y que tenga 1.001 trabajadores. Bien, pues este señor tendría un voto por tener N.I.F.; supongamos que carece de antecedentes penales, otro voto; como tiene un doctorado, ha terminado la secundaria y también es licenciado, claro, por lo que son 3 votos más; tiene trabajo (autónomo) y paga sus impuestos, 1 voto; tiene trabajadores a su cargo, 1 voto; tiene más de 10 trabajadores a su cargo, 1 voto más; tiene más de 100 trabajadores a su cargo, otro voto; y tiene más de 1.000 trabajadores a su cargo, por lo que totaliza 10 votos. Parece mucho, pero es que sus 1.001 trabajadores sólo por tener el N.I.F. y pagar sus impuestos, ya suman 2.002 votos. Así que díganme ustedes qué tontería sería ésa de que el empresario cortaría el bacalao. Estamos hablando de 10 votos contra 2.002, está claro quién influye más en una sociedad, ¿no?
             Es muy difícil no poseer al menos un voto con esta lista, para ello una persona tendría que ser prácticamente analfabeta y además estar cumpliendo condena en la cárcel. Bueno, no creo que una persona con tales características deba influir en mi futuro, la verdad, ni en el de los demás. Claro, ahora vendrán otros que me llamarán fascista por pensar así... ¡Ojo!, serán los mismos que se llenan la boca con la palabra «democracia» pero admiran formas de gobierno como las de Cuba y Venezuela, que o no hay voto directamente o si hay algún plebiscito es para conseguir papel higiénico, porque otra cosa ya me dirán ustedes.
             Y no se confundan: no estoy diciendo que el sistema por mí plasmado aquí sea la panacea que arreglara todos nuestros problemas. No, no soy ni tan necio ni tan soberbio, sino que es simplemente un sistema mejor que el que hay, aunque no tiene por qué ser el mejor, ni mucho menos. Ojalá esta entrada sirviera para abrir un debate a escala nacional sobre qué método sería el mejor para nuestra futura democracia y que no se quedara en agua de borrajas. Ojalá.
             Pero sigo sin ser ni un necio ni un soberbio, por lo que sé que me leéis cuatro gatos (eso sí, no gatos cualquiera, sino con pedigrí), que la mayoría no estaréis de acuerdo con mis ideas y que, aunque no fuera así, a nuestros políticos, banqueros, grandes empresarios en general, les interesa mantener el sistema actual, porque les va de maravilla gracias a él.

             El Condotiero

domingo, 28 de mayo de 2017

La Historia habla

             Ya en la primera entrada de este blog traté el tema de la educación, como el factor más importante para moldear las mentalidades del pueblo. No contento con ello, escribí varias entradas sobre el tema catalán. Hoy quiero hablar de nuevo sobre él, pero desde otro punto de vista. Creo, sinceramente, que me voy a salir de las autopistas de opinión más habituales, pero no por ello romperé por completo con lo dicho por mí con anterioridad.
             La gente suele creer que estudiar Historia es una pérdida de tiempo, sirviendo nada más que para terminar de profesor de esa misma asignatura en cualquiera de los colegios o institutos que nos rodean, y eso teniendo suerte o constancia. Aquí niego la mayor, puesto que un buen conocedor de la Historia es lo más parecido que hay a un vidente. Sí, un buen conocedor de la Historia puede llegar a vaticinar hechos del futuro, no quizá con una precisión atómica, pero bastante mejor a como lo hicieron los profetas o caraduras como Nostradamus.
             Y mi vaticinio futuro es que Cataluña acabará independizándose de España, puede que mañana o puede que dentro de treinta años, pero es inevitable. Lo único seguro es que no ocurrirá hoy. Esto, como ya he dicho, no se contrapone a lo analizado por mí en entradas anteriores, porque de lo que allí hablaba era de la inconveniencia para los catalanes de su separación, no que no lo fueran a conseguir. Tampoco sé si será una independencia total de España y la UE, o se convertirá en alguna especie de país asociado o alguna nueva fórmula.
             Pero, ¿por qué digo que su independencia es inevitable? Es más que evidente: a día de hoy casi el cincuenta por ciento de la población catalana está a favor de ello. La mayoría son gente joven que, como es de suponer, irá cumpliendo años, casándose y teniendo hijos, a los cuales inculcarán sus ideas. De tal forma, conforme vayan madurando las nuevas generaciones, el porcentaje de partidarios de la independencia irá in crescendo, mientras que, de forma recíproca, los españolistas irán descendiendo. Esto también podría crear una situación de malestar en la población catalana con sentir español, que, viéndose acorralada, acometería un éxodo hacia otras regiones españolas, huyendo de la marginación social.
             La mayoría de los políticos y «expertos» dicen que es imposible un referéndum de independencia, puesto que la ley no lo contempla. Y tienen razón, por lo menos a día de hoy. Pero la ley no es algo caído del cielo. Desde que Moisés bajara del monte Sinaí con diez o quince mandamientos, no lo recuerdo bien, tal cosa no ha vuelto a ocurrir, y las leyes y constituciones han sido creaciones de los hombres, seres imperfectos cuyas obras son, como no podía ser de otra forma, imperfectas. Si alguien opina diferente a mí, sólo debo recordarles que la persecución de los judíos en la Alemania Nazi era legal, puesto que había una ley que la amparaba. Y al que crea que las elecciones democráticas son unas perfectas maravillas puesto que el pueblo no se puede equivocar, les recordaré que Hitler accedió al poder por medio de ellas. Sí, no se confundan, muchos millones de personas también pueden estar equivocadas, de ahí el significado de la palabra «aborregado».
             ¿Qué quiero decir con esto?: pues que la constitución española no permite los referendos, hoy por hoy, pero mañana podría ser diferente. Nunca se sabe si podría llegar al poder algún iluminado, tipo Cameron, y liarla parda. De todas formas, creo con sinceridad que no se puede poner puertas al campo y, por tanto, es inevitable la futura independencia catalana. Podrían hacer dos millones de referendos y perderlos, pero les bastaría sólo con uno que ganasen para conseguir su meta y ya no habría vuelta atrás.
             Como dije en mi primera entrada del blog, la educación es la mayor arma de las civilizaciones. Durante cuarenta años hemos permitido a los políticos de todas las comunidades autónomas, gente sin ningún tipo de preparación ni escrúpulo, exactamente igual que los políticos nacionales, que hagan y deshagan a su antojo, dándoles la potestad para aleccionar a sus ciudadanos y, sobre todo, a los más pequeños de éstos, o sea, los que se están formando y son así más permeables a los lavados de cerebro. Si no me creen, vuelvo al ejemplo nazi: lo más fanáticos eran los niños de la Hitlerjugend, que no habían conocido otra cosa además de lo que les enseñaban.
             Ayer vi en la segunda cadena pública (sí, formo parte del 2% de la población que la ve) dos documentales muy interesantes sobre el expolio y destrucción de bienes culturales. Allí se decía que la sistemática aniquilación de los vestigios religiosos y culturales de una población tiene como objetivo eliminar su sentir nacional y, de esta forma, vencer su futura resistencia. Uno de los documentales comenzaba con el genocidio armenio perpetrado por los turcos durante la Primera Guerra Mundial, ya que no sólo se exterminó a cientos de miles de armenios, sino que también se destruyeron sus iglesias y edificaciones más idisosincrásicas. De ahí pasaban por todo el siglo XX, terminando, como no podía ser de otra manera, con la destrucción de Palmira, el Crac de los Caballeros y Alepo por parte de las distintas facciones que combaten en la Guerra Civil Siria.
              Pero al igual que se puede destruir el sentir nacional de un pueblo, también se puede crear, aunque sea con mentiras, o medias verdades. Eso es lo que ha pasado en Cataluña y es bastante difícil de revertir, a no ser que les pidamos consejo a los del DAESH, que lo arreglarían en un pis-pas.
             Bromas aparte, puedo decir que no es que crea, sino que afirmo rotundamente que Cataluña se separará de España. Es un error inevitable cuya culpa sólo la tienen los políticos timoratos y arribistas que ahora solemos venerar como los padres de la Transición Democrática y de nuestra Constitución. Con nuestra ceguera y desinformación patológica, todos hemos contribuido un poco a esta situación y a otras más, pero claro, es que hay un 98% de población española que no ve los documentales de la segunda cadena y que, lamentablemente, tienen el mismo derecho al voto que aquéllos que sí los ven. Para echarse a llorar.

             El Condotiero

martes, 18 de abril de 2017

Supervivencia

             Raroc estaba desesperado. Vagaba solo, buscando refugio. El aire glacial entumecía sus músculos mientras pensaba que él, al menos, estaba en movimiento, pero no así su escasa familia, que había quedado resguardada en una estrecha zanja del interminable horizonte helado. No hacía siquiera cinco años su comunidad llegaba casi a cincuenta miembros. Hoy, debido al hambre y al incesante frío, apenas llegaban a veinte, incluyendo a su compañera y sus dos vástagos, supervivientes de los ocho que habían llegado a nacer. Pero así era la vida. Sus padres le habían enseñado todo lo que habían podido, antes de perecer en una avalancha de hielo y rocas, y lo demás lo había aprendido de forma intuitiva. La fragilidad de la vida era una de las cosas que había experimentado, por lo que no se asustaba de ello.
             En su continuo deambular, de refugio en refugio, había visto multitud de cosas extrañas. Él las tocaba con veneración. No sabía qué eran ni a quién habían pertenecido, pero esas piedras lisas, altas y ruinosas parecían confirmar las historias que a veces se contaban por la noche, en las buenas noches en las que podían disfrutar de un incierto fuego, puesto que los trozos de madera que se encontraban escaseaban cada vez más. Las noches se diferenciaban de los días en que la oscuridad era más profunda, sólo eso. Una de las historias que a él más le gustaban era la de la ocasión en la que se encontró otro grupo similar al suyo. No se entendían, pero por señas y ruidos guturales llegaron a un acuerdo y, en lugar de pelear por los pocos recursos de la zona, los grupos se juntaron. De hecho, su madre procedía del grupo visitante, por lo que él era un mestizo, si pudiera decirse así.
             En medio de sus pensamientos, Raroc tropezó con una piedra, oculta por un montículo de nieve helada. Se abrió un hoyo por el que estuvo a punto de caer. En principio maldijo su suerte, pero después acabó intrigado. Cogió el trozo de madera plana que llevaba atado a la cintura y se puso a excavar, rodeado por el vaho de su propia respiración. El esfuerzo dio sus frutos y acabó dando con lo que parecía una hondonada o una cueva en el mismo suelo. ¿Podría haber hallado un buen refugio para su familia? La única forma de saberlo era adentrarse para averiguarlo, pero él sabía que ello conllevaría un problema. Le quedaba material incendiario para esa sola inmersión. Si la cueva no era la adecuada, quizá perdiese la oportunidad de encontrar otra mejor. Finalmente, decidió que merecía la pena arriesgarse. Le había dado buena espina y el olor a cerrado que le había llegado no era menos importante.
             Después de haber golpeado varias veces la piedra amarilla sobre la gris, consiguió encender un pequeño fuego en el que puso las pocas hierbas secas que le quedaban, adhiriéndolas al palo de luz que siempre le acompañaba. Bajó por unas extrañas piedras lisas, increíblemente regulares, hasta que dio con una pared. Confuso, vio que la pared de piedra contenía unas profundas ranuras, por lo que creyó oportuno empujarla y, de forma sorprendente, el centro del muro basculó a un lado, dejando una apertura suficiente para poder entrar. Tenía miedo, sí, pero la necesidad acuciaba, por lo que traspasó esa extraña entrada de la cueva y lo que vio le dejó boquiabierto: una enorme gruta con paredes y techos perfectamente planos, y con unas rarísimas construcciones en madera de quemar. Cuando se acercó a una de ellas, observó que contenía unas cosas rectangulares, de diferentes colores y con unos extraños símbolos. No era la primera vez que veía esos símbolos, pero tampoco eran usuales ni entendía su significado, si es que tuviera alguno.
             Recorrió pasillos y pasillos de esa insólita cueva, todos cubiertos con aquellas singulares construcciones de madera. De repente, apreció un cambio en la luz. Sí, se estaba quedando sin combustible en su palo, por lo que no tenía mucho tiempo. Si se quedaba a oscuras en esa interminable sucesión de cavernas, estaría perdido. Podría arrancar algún trozo de madera de las construcciones laterales, pero le llevaría demasiado tiempo. ¿Arderían los raros cubos de inscripciones? No tenía nada que perder por intentarlo, así que extrajo uno y se percató de que se podía abrir. Estaba formado por un buen montón como de escamas blanquecinas, algo amarillentas, con más y más inscripciones indescifrables. Al tocarlas, notó su fragilidad, arrancando una de ellas y acercándola al fuego. Sí, ardía. Y con bastante rapidez, por lo que decidió aproximar más. Al mirar a los lados y ver más cubos como ése, comprendió que el refugio que había encontrado era perfecto para su familia, con combustible suficiente para una buena cantidad de lunas.
             Resolvió, ahora que no tenía que preocuparse por la luz, terminar de investigar esa prodigiosa cueva. No tardó mucho en llegar a lo que parecía el final, con una inscripción en la pared del fondo, enorme, aunque no tallada en ella, sino que eran unas piedras superpuestas y que refulgían a la luz de su palo. Sabía que aquella inscripción era importante, por el lugar que ocupaba, aunque no fuera capaz de saber si significaba algo o alguien la había puesto allí porque le parecía bonita. El dibujo era más o menos así:

Fondo de libros para la supervivencia de la 

cultura humana

Fundación de la Real Academia de la 

Lengua Española

             Era bonita, sí, se dijo, pensando que había llegado la hora de desandar el camino hasta la salida de la cueva para ir en busca de lo que quedaba de su familia y traerla a aquel lugar. Sí, en este magnífico refugio podrían pasar los días y las noches quemando esos cubos con inscripciones. Tal vez hubiera suficientes para poder sobrevivir hasta la salida del sol, un sol que él jamás había visto pero del cual sus padres tantas veces le habían hablado, aunque fuera también de oídas.

             Enrique A.Cadenas

lunes, 6 de febrero de 2017

El impuesto de la muerte o la muerte por impuestos

             Se habla mucho, en estos días, sobre la cuestión del impuesto de sucesiones, particularmente abusivo en comunidades autónomas como Asturias y Andalucía. No es que sea algo nuevo, sino que, como bien todos sabemos, los temas periodísticos tienen su tiempo y su lugar, y lo que ayer no era noticia, lo es hoy de forma desaforada, debiéndonos amoldar a la tiranía de la prensa, que es la que parece decidir qué asunto es importante y cuál no, llegando a la paradoja de que es la prensa, y no los gobiernos, la que dirige nuestras vidas, o al menos nuestras críticas. Ya se sabe, lo que no se publica ni siquiera existe.
             No voy a entrar a valorar lo justo o lo injusto de tal impuesto, porque me da igual, ya que creo que la mayoría de los impuestos son injustos. No crean que soy un antisistema, aunque cada vez dejo de serlo un poco menos, porque evidentemente un país necesita de unos impuestos recaudados a sus ciudadanos para poder seguir existiendo. Y esto no es nuevo, comenzó a ocurrir cuando se empezaron a crear los primeros asentamientos humanos mínimamente organizados, incluso antes de la aparición de las primeras ciudades-estado. Así, es lógico que los impuestos existan, a la vez que también es lógico que sean injustos, puesto que quien los pone es quien se beneficia de ellos. Y esto también ha sido así siempre. Como no estamos descubriendo la rueda ni nada parecido, lo único que puedo tratar aquí es del porqué en España, que es lo que me interesa, y ahora, no en la Historia, los impuestos son como son, y atañen a quien atañen.
             De tal forma, siendo los impuestos injustos de per se, la cuestión es conocer la razón de que en España sean más injustos que en otros lugares del mundo. Tampoco descubro el fuego si digo que la razón principal de que España sea uno de los países con una presión fiscal más alta es por la mala gestión que los políticos han realizado en los últimos cuarenta años. Ya todos saben que España posee el triple de políticos que Alemania, un país que casi dobla nuestra población. Esto quiere decir que España posee seis veces más políticos por habitante que Alemania, un país que casi todos advierten que está mejor gestionado que el nuestro. Y lo mejor de todo es que Alemania está más descentralizada que España, cosa curiosa. Por tanto no es la descentralización el verdadero problema, aunque influye, y mucho, ya que cuando los gestores son malos, cuantos más haya, peor. Y ése si es el verdadero problema.
             O sea, que debemos acudir a la implantación de nuestra Constitución y la creación de nuestra democracia para ir al germen del problema. Si preguntamos a la mayoría de los españoles, éstos estarán de acuerdo con la existencia de las comunidades autónomas, porque desean huir de una supuesta tiranía de un gobierno centralizado, y más si nos damos cuenta de la calidad de nuestros políticos, que en las pocas ocasiones que han podido disfrutar de una mayoría absoluta en las Cortes, en su gobierno central, han hecho y deshecho como han querido, sin preguntar a propios ni extraños y ejerciendo casi una dictadura de corto recorrido. El español medio parece que no está programado para la contemporización, sino más bien para el porquemedalagana.
             Ahora bien, si preguntamos a los mismos que antes estarían totalmente de acuerdo con la existencia de comunidades autónomas, seguro que dirán que también quieren que todos los españoles seamos iguales. Aquí niego la mayor, como ya comenté en la entrada La utopía de la Igualdad, porque en realidad los españoles no desean la igualdad de todos sus compatriotas, sino la mayor igualdad de ellos mismos, es decir, que cada uno de ellos no desea ser menos que los demás y, si es posible, ser un poco mejor. Esto explicaría la contradicción que hay en que deseen la existencia de las comunidades autónomas pero, al mismo tiempo, quieran que haya una igualdad impositiva para todos ellos. Algo así no es posible, ni lógico, puesto que si quieres que haya comunidades autónomas, algunas tan absurdas como las de Asturias, Cantabria, La Rioja, Navarra, Madrid y Murcia, que sólo tienen una provincia a la que gobernar, es para que impongan sus propias leyes, ya sean de carácter impositivo o de educación. Pero claro, ahora resulta que queremos que haya comunidades autónomas para evitar un desproporcionado poder central pero que las leyes sean iguales para todos. Entonces, ¿para qué queremos las comunidades autónomas?
             Lo que los españoles deberíamos meditar en profundidad es la conveniencia de las comunidades autónomas. Solemos crecernos cuando hablamos de la Transición Democrática, poniéndola como ejemplo de cómo un país puede pasar de una dictadura a un democracia sin derramamiento de sangre, o con el menos posible, pero no nos damos cuenta que cuando haces una revolución, por pequeña que sea, no está completa sin el uso profiláctico de la guillotina. Si lo que quieres hacer es una revolución que contente a todo el mundo, como fue nuestro caso, donde hubo cabida a todos los ideales y a todas las personas, acabas por producir un ente con unas soluciones de compromiso que, a la larga, demostrará sus carencias y sus meteduras de pata. Y creo, sinceramente, que la generación y la generalización de las comunidades autónomas españolas fueron un fiasco de proporciones calamitosas. Permitirles a unos políticos que no ven más allá de sus narices que gestionen la educación de las siguientes generaciones o los impuestos a sus ciudadanos es hipotecarnos para el futuro y para el presente, respectivamente.
             Así, quizá sea hora de que los españoles decidamos si sería beneficioso votar una nueva constitución que haga desaparecer errores tales como las comunidades autónomas y, aunque yo no sea republicano, la existencia de un rey como presidente de la Nación. Pero lo que digo no es fácil, puesto que los españoles no nos ponemos de acuerdo ni para tomar el café, además que el sistema no nos permite votar lo que queramos, sino lo menos malo entre lo que hay. Por ejemplo, elucubrando un poco, si el PP fuese a las siguiente elecciones con un programa en el que habría que gasear a dos millones de personas y el PSOE con otro en que sólo debiésemos gasear a un millón, votaríamos al PSOE, por considerarlo menos malo, cuando lo que realmente tendríamos que hacer es levantarnos en masa y gasear a todos los políticos, tanto del PP como del PSOE, que hubiesen presentado tales programas.
             Al fin y al cabo somos españoles, con todo lo que ello implica... para lo bueno y para lo malo... sobre todo para lo malo.

             El Condotiero

viernes, 13 de enero de 2017

¿Colegios de muerte?

             Nos desayunamos hoy en el periódico, aunque ayer ya se conoció la noticia por los informativos de las numerosas cadenas televisivas del país, con el desafortunado titular sobre la muerte de un adolescente por su propia mano, en este caso una adolescente, con tan sólo trece años. Es uno de los hechos que más daño pueden hacer a una familia, ya que si bien la muerte de un hijo de esa edad es algo muy duro, difícil de ponerse en su pellejo, supongo que si la muerte es autoinflingida lo es muchísimo más, porque, ¿qué motivos puede tener un niño o una niña para ello? Ésa es la gran pregunta, cuando a esas edades apenas se ha comenzado a vivir, ni siquiera puede tener la frustración de estar en paro, de que su voto no sirva de nada o cosas así, ya que, como se suele decir, para el Estado es «cascarón de huevo».
             Todos los que leen este tipo de noticias se echan las manos a la cabeza, porque el sistema está fallando. Parece ser que la niña sufría acoso escolar, eso que ahora está tan de moda, como otros de los niños de edades similares que en los últimos años han tenido el mismo fin. Es como si junto a Internet, los teléfonos móviles y las redes sociales se hubiera inventado eso del acoso... vamos, lo que toda la vida han hecho los «abusones», para qué nos vamos a engañar. Entonces no es que sea algo nuevo, ya que siempre ha habido niños más crueles que el resto, dentro de que la poca experiencia que tienen los niños los hacen ser crueles, al no tener desarrollada la empatía, ya sea autodidacta o aprendida de otros. Todos conocemos casos en nuestros colegios, cuando teníamos edad escolar, fuera cuando fuese aquello, de niños que insultaban a otros, ya fuera por estar gordo, por llevar gafas, por ser menos listos que el resto, o empollones, o tener algún defecto físico. No es nuevo, repito, lo que sí ocurre es que ahora, con las redes sociales y con el mundo más pequeño, los insultos llegan más lejos y, de ahí, que tengamos la apariencia de que duelen más, aunque no sea cierta.
              Como buenos españoles que somos, ahora tenemos que buscar a los culpables, que, por supuesto, no somos nosotros. Los padres querrán imputarle la muerte de su hija a los niños maleducados, a los profesores, al director del instituto, al inspector de educación, a la policía y al sursum corda. Jamás, de ello estoy seguro, llegarán a la conclusión que para mí es la más obvia: la culpa es de la niña y de ellos mismos. Sé que es muy duro decir algo así, pero las verdades lo son, independientemente de a quién duelan. La sociedad también es culpable, cómo no, pero no por lo que se cree, sino por permitir que los padres eduquen a los niños de la forma en que lo están haciendo. Si digo que la culpable en primera instancia es la niña, angelito, es porque la decisión de suicidarse fue exclusivamente suya, de nadie más. Por mucho que pensemos que sólo tenía trece años, debemos recordar que es una edad en la que ya podría ser madre y que si la naturaleza lo permite, será por algo. No era infrecuente, en sociedades pasadas, que las niñas de esas edades ya estuvieran casadas e, incluso, que fueran madres. Nuestra sociedad ha retrasado todo lo posible la maduración de los niños y hoy en día podemos considerar que una persona no está completa hasta cerca de los treinta años, cosa que me parece una barbaridad. Recuerdo el caso de Alejandro Magno, que aún no había cumplido los dieciocho años cuando estaba comandando un ala del ejército de su padre en la batalla de Queronea. Hoy en día, con esa edad, no te permiten ni tirar un papelito inútil a la papelera precintada conocida como urna electoral.
              Pero no sólo eso, sino que los padres actuales no saben educar a sus hijos, cosa que ya he dicho en más de una ocasión. Creen que su responsabilidad acaba cuando los traen al mundo, dejando que sean los demás los que les dediquen su tiempo, pues ellos carecen de él. En cambio, para que no se quejen, les dan todo lo quieren, incluso, algunas veces, lo que no quieren. Así, aparte de tener teléfono móvil desde los siete años; un ordenador personal en su propia habitación, sin control supervisado; mando absoluto de los medios de comunicación del hogar, no sólo la televisión, sino también acceso a Internet permanente y cosas por el estilo, les dejamos que, en esa difusa edad de la preadolescencia, sin haberles preparado para ello, vuelvan a casa a horas intempestivas, habiéndose pimplado una botella de vodka o de whiskey.
             De tal forma, y habiendo fracasado de forma absoluta en la educación de sus hijos, los padres los dejan a su aire, careciendo éstos de lo que ya una vez denominé «tolerancia al fracaso», aunque tampoco es que yo sea el primero en decirlo. Pero es así, y lo sabemos por la Historia. Los grandes triunfadores, es decir, militares, letrados, científicos, inventores, etc, de la Historia, lograron sus éxitos en un habitual camino de fracasos. De fracaso en fracaso hacia el éxito final. Raro es el caso de un triunfador desde temprana edad, porque lo que más enseña a alguien es un fracaso, jamás un éxito, excepto para seres con una capacidad de autoanálisis fuera de lo común, que tampoco es que hayan abundado. Así, los niños de hoy en día no saben lo que es que algo les sea negado, y no saben cómo comportarse cuando algo no sale según sus propias previsiones. Y en el caso que nos ocupa, los niños actuales no son capaces de soportar los insultos ajenos. No es que sea de buen gusto tragárselos, pero no te queda otra cuando eres el objetivo de algún desalmado, porque las alternativas son mucho peores.
             Nada de lo que estoy comentando sirve para nada, en un mundo donde las adolescentes de apenas dieciséis años ya comienzan a retocarse las partes que no les gustan en el quirófano, sin dejar tiempo a que la naturaleza haga su trabajo, porque lo más importante no es cómo es uno, sino cómo te ven. La autoestima es un término que ha quedado sólo para los psicólogos, porque en el momento que sólo se ve reforzada por lo que te digan los demás, ya no es «auto». Y en esto, como en lo otro, quien puede resolverlo desde que son unos niños muy pequeños son los padres. Si escurren el bulto y dejan el trabajo para otros profesionales que, por muy bien que lo intenten hacer, nunca lo harán con el cariño y el cuidado que pueden tener los propios progenitores, el fracaso de la educación de esos niños estará más que asegurado.
             Aunque a mí el problema no me toque de cerca, sí formo parte de esta sociedad en la que los adultos del mañana están recibiendo una infraeducación galopante, por lo que serán personas carentes de valores y con más trastornos de los habituales. Miedo me da...

             El Condotiero